| RESTAURACION DE MUEBLES | ||||||||||||||
|
Antiguedades |
Arte |
Artesanias
Argentinas |
Cueros |
Diseño | |
||||||||||||||
|
||||||||||||||
|
|
||||||||||||||
Esta vez restauraremos una hermosa consola rococó con su correspondiente espejo, piezas realizadas a mediados del siglo XVIII con maderas de tilo y de pino, las preferidas de los tallistas. |
Las dos piezas están casi enteras, faltando fragmentos en la consola, pero han sido dorados en exceso. Aun así, este dorado no ha estropeado las piezas. En esta restauración se tratara de ganar elegancia al relieve original de las piezas sacando el dorado que esta superpuesto a la laca original. Las restauraciones de este tipo son un descubrimiento para el profesional ya la laca esta casi intacta y mantiene su policromía original, en la que se destacan frutas, flores sobre un suave color verde azulado.
Antes de comenzar hay que revisar toda la pieza, el restaurador examina en la superficie dorada señales de abombamiento en los que puede resquebrajarse. PROCEDENCIA La elegancia de la elaboración permite atribuir con seguridad a las dos piezas a un taller urbano, por el otro la forma de los pies del espejo, consiste en dos rizos que se cierran formando una especie de “C” muy elaborada, llevan a pensar en Milán.
Se trata de un motivo muy típico en la ebanistería Milanesa; se utilizó para realizar patas de arcones de trumeaus o de sillas.
|
Utilizando un herrete el restaurador elimina el dorado y sale a la luz la policromía de los pequeños frutos.
Se extiende una capa muy suave de decapante sobre el plano imitando una decoración de mármol oscuro. Encuentra un acabado todavía mas oscuro y uniforme, con veteado muy fino. Una vez eliminada la hoja dorada se puede observar la restauración de un racimo que ha sido reconstruído con maestría, como se demuestra al compararlo con los demás elementos originales.
El soporte del espejo debe ser completamente desmontado ya que la luna fue insertada en la parte frontal, antes de fijar los elementos decorativos. Luego la consola y el espejo deben ser enviados a un taller especializado donde las lagunas quedaran completamente reintegradas y el lacado con un acabado perfecto. Cuando se ha terminado la restauración completa, recién se inserta la luna. Para terminar se pasan ambas piezas por cera virgen que le da mas intensidad a los colores, adquiriendo una tonalidad aproximada a la que tenía en su origen.
|
En los muebles antiguos es muy frecuentes que falten las bisagras y las cerraduras, o que funcionen mal. En esta sección se vera que se puede hacer cuando falta alguno de estos herrajes. |
Hay que aclarar que cuando falta una cerradura hay que evitar cambiar las restantes. En el caso de las bisagras, estas se fabrican de a dos, así que es preciso cambiar ambas, a menos que se tenga el herraje justo para cambiar solo una. Detalle del mueble con el postigo desencajado, en la portezuela, no solo faltan las bisagras, si no también la cerradura.
Se necesitará: Destornillador, martillo, tenaza, sierra eléctrica, pulidora, papel de lija fino y algunos pedazos de madera de nogal de buena calidad en los que se deberán modelar las cuñas para destapar las descerrajaduras.
Para encontrar la cerradura mas adecuada para una descerrajadura ya existente es necesario verificar el paso del centro del agujero, es decir la distancia entre el centro de la boca de la llave y el margen de la descerrajadura.
También puede suceder que una bisagra no funcione bien porque uno de los tornillos que la fijan ya no se agarra a la madera. En este caso seria inútil tratar de asegurarlo con cola o colocar un tornillo mas grueso. |
El procedimiento es tapar el agujero con una cuña en la que luego se vuelve a fijar el tornillo, para ello se prepara una cuña de un pedazo de madera dura mas larga y mas ancha que el tornillo y después de mojarla en cola caliente se inserta en la ranura con la ayuda de un martillo.
Cuando la cola se haya secado se corta la parte sobrante y luego se vuelve a fijar la bisagra en el lugar correspondiente. Después se hace una prueba de montaje colocando un único tornillo en cada bisagra de este modo se podrá comprobar el funcionamiento del postigo.
El trabajo ya terminado: La bisagra perfectamente ajustada a la madera, permite que el postigo funcione a la perfección devolviendo al mueble su integridad y funcionalidad.
|
En esta ocasión veremos la restauración de unas sillas LUIS XVI de nogal en tres etapas y como vemos a continuación tenemos un respaldo desmontado, que ha permitido reparar el montaje. |
Entre todos los muebles, las sillas con los muebles que mas se deterioran, sometidas a tensiones y desplazamientos.
Es necesario que el trabajo para devolverle la estabilidad sea largo y complejo. Del juego de seis sillas, cuatro son de estilo y dos copias realizadas mas tarde, la forma del respaldo con ángulos redondeados nos remonta a un taller Piamontés. Mientras que otras sillas deben ser solamente desmontadas y montadas para devolverles la estabilidad, en otras dos los desperfectos son mas importantes. Algunas sillas no presentan partes rotas y desperfectos en la estructura y solo es suficiente con desmontarlas. En las sillas originales las uniones son de espiga y mortaja, en las copias es de clavija cilíndrica realizada a maquina.
Antes de comenzar, se envían a un tapicero para que retire el revestimiento y el acolchado.
Luego se las desarma por completo y se eliminan las escuadras que bloquean los encajes para poder separar las patas y las fajas.
Solo después se puede separar el respaldo de los montajes y estos de las fajas.
|
Al desmontar se desprenden algunas astillas que es necesario guardarlas para después encolarlas.
Luego se sueldan las fracturas del montaje posterior, para unir las dos piezas se prepara un añadido de madera de nogal y se encola apretando entre dos mordazas hasta que se seque por completo.
Cuando la cola ya esta seca se nivela el añadido con escofina.
Se ensamblan de nuevo los elementos con cola caliente que componen a la silla, hay que proceder con rapidez ya que la cola al enfriarse se seca.
Para mantener en posición las patas y las fajas mientras se encola, se utilizan unas mordazas de cremallera. Para evitar equivocaciones mientras se aprieta la mordaza y que el bastidor se tuerza, se comprueba que las medidas de las diagonales se mantenga estable.
Después del barnizado y el paso por el tapicero, las sillas están perfectamente arregladas, incluso las dos copias están tan bien integradas que a primera vista se confunden con el resto.
|
| SIBILAS DE SAN TELMO. |
|
Las sibilas de San Telmo tienen nuevamente su esplendor original. |
|
Fue una iniciativa de la Universidad Nacional de San Martín Cuatro artistas, un químico, 280.000 pesos y seis meses fueron suficientes para devolver "con vida" las imágenes de doce mujeres que, según la tradición europea, profetizaron la venida de Jesucristo y que, después de casi dos siglos y medio, se desdibujaban en la sacristía de San Pedro Telmo, uno de los más antiguos templos porteños. Las doce sibilas de San Telmo, una de las series más importantes de la pintura colonial hispanoamericana, fue restaurada por el recientemente creado Centro de Producción e Investigación en Restauración y Conservación Artística de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam) -en el que funciona el taller Tarea, fundado por la Fundación Antorchas-, y será expuesta desde el 2 de agosto hasta el 8 de septiembre en el Museo Nacional de Arte Decorativo.
Los cuadros de las doce sacerdotisas estuvieron colgados en la sacristía de la iglesia San Pedro Telmo desde que llegaron al Río de la Plata, a finales del siglo XVIII. En noviembre último fueron descolgados por los restauradores de la Unsam, por iniciativa de Héctor Schenone, experto en arte colonial hispanoamericano y asesor del taller Tarea, y en septiembre volverán a San Telmo con el brillo y esplendor que tenían hace doscientos años. Las doce pinturas muestran las figuras de cada una de las sibilas, todas tan elegantes como misteriosas, que sostienen un óvalo de flores dentro del cual se ve la escena de la vida de Jesús profetizada por esa pitonisa y, |
en la base, un grutesco o pretil -una guarda con inscripciones-con delicados ángeles y hojas de acanto, en cuyo centro está escrita la profecía, como "se encarnará en una virgen por obra del Espíritu Santo"; "resucitará muertos, dará vista a ciegos y otros muchos milagros"; "será crucificado por la redención del mundo". Estas adivinas pertenecientes al paganismo precristiano fueron pintadas por grandes artistas como Miguel Angel en la Capilla Sixtina, Giotto en el campanario de Florencia y Rafael en la iglesia Santa María de la Paz, en Roma. Orígenes esclarecidos A la serie de las sibilas de San Telmo tradicionalmente se le atribuyeron dos posibles orígenes: un taller español o uno andino o cuzqueño. José Emilio Burucúa, historiador y director del Centro de Investigación de la Unsam, y Néstor Barrio, director del taller Tarea, coinciden en que en el trabajo de restauración encontraron evidencias para dar crédito a la segunda hipótesis. "Encontramos en la Biblioteca Nacional de París una serie de grabados del artista flamenco Crispín de Passe, de 1617, que por las semejanzas con nuestras sibilas fueron los modelos usados por los artistas cuzqueños", dijo Burucúa, y agregó que en el seminario San Antonio Abad, de México, hay una serie casi idéntica a la argentina, pero de cinco imágenes. "Esto prueba que se pintó en América latina", dijo, y sumó a esta evidencia el uso de claroscuros y los rasgos de las mujeres. Otro de los hallazgos de la restauración fue la pintura original de los marcos: se descubrió que tenían una misma matriz, que estaba oculta bajo una pintura negra y un filete dorado, incorporada durante el siglo XIX, que alterna tramos oscuros en las esquinas con otros jaspeados, que buscan imitar las vetas de la piedra. Se detectó también que, de los doce cuadros, diez son originales del siglo XVIII y dos fueron pintados en el siglo XIX. "Al dejarlos como fueron pintados estamos dando a los cuadros el significado original. El jaspeado de los marcos es símbolo de la eternidad de la piedra, de lo que se mantiene", explicó Barrio. Por Silvina Premat |