ANTONIO BERNI CLORINDO TESTA En la fundación Federico Klemm

Dos maestros irreverentes.

Muestras recientes de Berni, en la Fundación Klemm, y de Clorindo Testa, en las salas de UCA, de Puerto Madero, rinden merecido homenaje al genio creativo.

La Fundación Federico Jorge Klemm y la Academia Nacional de Bellas Artes presentaron una exposición homenaje a Antonio Berni en el centenario de su nacimiento, con el título Presencias y ausencias. La presidente de la corporación, profesora Rosa María Ravera, quien tuvo a su cargo la curaduría, señala en el texto del catálogo que el conjunto responde a una selección de pinturas que se refieren tanto "al relato bíblico como a tradiciones de la cultura popular".

A esa temática, recurrente en la obra de Berni, pertenecen La siesta (1943), San Sebastián (1949), La difuntita Correa (1971), La Crucifixión (1980) y Cristo en el departamento (1981). También se exhiben telas dedicadas a otros asuntos, entre ellas, El obrero caído, La familia del peón y Migración. No faltan algunos grabados de las series dedicadas a los célebres Juanito y Ramona.

Antonio Berni se ha convertido en un mito nacional. Pocas veces sucedió entre nosotros un fenómeno sociológico comparable. Es difícil encontrar otro creador tan admirado. Su obra fascina a los artistas visuales de todas las generaciones; también deslumbra a los coleccionistas y a los estudiosos. Además, nadie como él supo conectarse con el gran público; muchas de sus imágenes son partes inseparables del imaginario colectivo. En 1981, cuando murió víctima de un accidente doméstico, los homenajes que se le tributaron no tenían antecedente en la historia del arte argentino.

A los veinte años, Berni obtuvo una beca que le permitió instalarse en París. Muy pronto se convirtió en un hombre alerta a las llamadas del arte moderno; en su pintura no tardó en admitir el influjo de la Escuela Metafísica de Giorgio de Chirico y del surrealismo. En la década de los treinta, ya de retorno a su patria, abandonó las imágenes fantásticas u oníricas para privilegiar la denuncia de la injusticia social, la defensa de los humildes y de los marginados. Había nacido el "compromiso", un término nuevo en el vocabulario artístico, como lo señaló el crítico Pierre Cabanne.

El rosarino pudo haber pintado sus telas realistas con temas de protesta social durante décadas, sin duda hubiera ocupado un lugar destacado en la historia del arte argentino. Pero cuando tenía cincuenta y cinco años creó cuadros con residuos y chatarra; además dio vida a dos personajes tan memorables como desventurados: Juanito Laguna y Ramona Montiel. Con esas obras, señaló Marta Traba, se convirtió en el único caso de un artista realista-socialista que tuvo la inteligencia de servirse de sistemas modernos de comunicación y expresión para seguir manifestando su denuncia.

Antonio Berni siempre manifestó una notoria voluntad de no ser complaciente, por ello mantuvo durante toda su vida una voluntad estética compleja y provocadora.

Antonio Berni "La peste en la ciudad "

En el Pabellón de las Artes de la Universidad Católica Argentina se presentó una exposición de Clorindo Testa (1923), integrada por veintiséis obras de series y épocas diversas, la más antigua firmada en 1964, la más reciente en 2005.

Entre ellas, algunas pinturas que provienen de la recordada serie La peste en Ceppaloni y de otras versiones similares, Hacia un futuro mejor. Rumbo al Tercer Milenio y Amanzanamiento. Otras telas se refieren a hechos de la historia sudamericana, como Las cien mulas de plata del general Pueyrredón y El cerro de Potosí. No faltan las dedicadas a la muerte de Plinio, atrapado en Herculano por la lava del Vesubio, ni las telas en las que las que los personaje representados exclaman "Estoy despierto", "Estoy vivo", etcétera.

Testa es un artista paradigmático de la segunda mitad del siglo XX. Arquitecto graduado en la Universidad de Buenos Aires, ya en sus comienzos proyectó obras tan notables como el Banco de Londres y América del Sud (1960) y la Biblioteca Nacional (1961). Presentó su primera exposición de pinturas en 1952; una década más tarde se aproximó al informalismo con una materialidad sutil.

Luego de varias etapas, en los años setenta, sus obras adquirieron carácter narrativo. En 1978 expuso La peste en Ceppaloni, un conjunto de escenas sucesivas y discontinuas, concretadas en dibujos y pinturas, que relata el drama de la peste bubónica que entre los siglos XVI y XVII asoló a los pueblos del valle Caudino, Italia, entre los que estaba Ceppaloni, tierra de sus antepasados.

Con esa "peste", y con las que realizó luego, a lo largo de los años, Testa afirma algo diferente de lo que aparenta decir. Las pestes no son sólo relatos de catástrofes, son alegorías antiutópicas sobre el desarrollo tecnológico que, según el pintor, más que liberar al hombre lo llevó a peores condiciones de vida, a la contaminación del ambiente y a otras situaciones traumáticas.

Otras obras pertenecen a la serie Amanzanamientos; las pinturas sobre papel que la integran remiten al espacio urbano, a la esquina, a la cuadra, a la subdivisión del suelo. Todas están resueltas con espontaneidad, con abundancia de diseños de parcelas de tierra y de casas. Una pintura de 1999, Hombre de la esquina rosada, muestra una gran manzana cuadrada, con tres esquinas pintadas con color rosado. El tema, que remite a Jorge Luis Borges, está en las preguntas escritas en la tela ¿Cuál es la verdadera esquina? ¿Cuál el color real?

También se exhiben algunas obras de la serie Hacia un futuro mejor. Rumbo al Tercer Milenio; cada pieza muestra la cabeza de un personaje de perfil que afirma: "Yo soy el segundo", "Yo soy el octavo",etcétera. Predomina el "yo", también el orden, la ubicación en el sistema. No parece ser un tema ajeno a la historia de las "pestes".

La muestra concluye con las pinturas que Testa realizó ya cumplidos sus ochenta años, entre 2004 y 2005, tan espontáneas y libres de preconceptos como las que mostró en sus primeros tiempos. La excelente exposición se completa con algunas obras de arquitectura: las maquetas del Concurso de ideas Puerto Madero (1992) y del Edificio Aerolíneas Argentinas, Sede central, en Catalinas Norte (1975).